Vergüenza aparte

Salgo de jiu jitsu con Luca, de 3 años.
Lo habíamos acompañado a papá un rato.

Nos vamos un poco a los rajes.
Era tarde. 
Y todavía tenía que hacer la cena y darle un baño. 

Frío invernal, nieve y hielo por doquier.

Una montaña de nieve
bloqueaba la puerta del auto
del lado de Luca.

Desesperada (me estaba meando)
lo alzo.
Se me escapa un chorrito. 

Acudo a sus toallitas húmedas,
mientras intento aguantar el resto. 
Me desespero más, 
no logro sacar ninguna.

Se habían consolidado todas
en un rígido bloque,
símil hielo.

A duras penas
deshilacho dos mitades.

Llego a casa.
Y bien de madre, miro la hora.
Mientras me sigo recontra meando 
decido prender el horno para precalentarlo.

Hasta ahí llegó mi aguante.

Las restantes horas anduve así,
meada,
entre baño
y cena
y alguitos más. 

Finalmente, divertida a pesar de la peripecia,
le cuento a mi pareja, 
haciendo alusión, primero, 
a las dificultades de retención
después de un embarazo.

Buscaba compartir una risa.

Qué ganas de matarlo
cuando arrancó 
con los benditos ejercicios de Kegel.


Comments

Popular posts from this blog

Sentarse con lo que pasa adentro

Encanto

Todo se detuvo