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Showing posts from February, 2026

De tan simple, casi se le pasa

Una emergencia hizo que abriera los ojos bien grandes. Observó todo con detenimiento. Entendió. La agobiante urgencia no tenía razón de ser. Fue por más: pidió una revelación. Se vio a sí misma, mucho más peque (de unos 10 quizás). La niña se paraba sobre sus pies,  le agarraba fuerte las manos,   y empezaban a girar, cada vez más rápido. De pronto la peque, sonrisa amplia y luminosa,  se caía y se lastimaba. Pero sin dar tiempo a nada pedía: —¡Otra vez! Es hora de divertirse.

Casi acelero la marcha

Caminaba en un circuito dentro del gim, junto a otras personas.  Miraba. Comparaba. Sobre todo con quienes andaban más rápido. Cerré los ojos. Iba al ritmo justo.

Vergüenza aparte

Salgo de jiu jitsu con Luca, de 3 años. Lo habíamos acompañado a papá un rato. Nos vamos un poco a los rajes. Era tarde.  Y todavía tenía que hacer la cena y darle un baño.  Frío invernal, nieve y hielo por doquier. Una montaña de nieve bloqueaba la puerta del auto del lado de Luca. Desesperada (me estaba meando) lo alzo. Se me escapa un chorrito.  Acudo a sus toallitas húmedas, mientras intento aguantar el resto.  Me desespero más,  no logro sacar ninguna. Se habían consolidado todas en un rígido bloque, símil hielo. A duras penas deshilacho dos mitades. Llego a casa. Y bien de madre, miro la hora. Mientras me sigo recontra meando  decido prender el horno para precalentarlo. Hasta ahí llegó mi aguante. Las restantes horas anduve así, meada, entre baño y cena y alguitos más.  Finalmente, divertida a pesar de la peripecia, le cuento a mi pareja,  haciendo alusión, primero,  a las dificultades de retención después de un embarazo. Buscaba compar...

Piloto automático ―y lo que te regresa de un hondazo―

Era una tarde de semana cualquiera.  Phil y yo (padres) y Luca, de 3 años, jugábamos con sus bloques, echados en el piso de madera.  Ganas, no teníamos. Era más un deber de padres. Recién llegaba del jardín y quería compañía. Después de lo que consideramos un tiempo prudente, nos quedamos ahí, pero ya sin jugar, cada uno en su mundo. Físicamente, yo estaba en casa. Y el resto, en las nubes lejanas. Phil, en el celu.  Algo me trajo de regreso.  Uno de los brazos de Luca, invisible tras su espalda, hacía la moción de rascar. Miré con más atención.  Sí. La mano estaba dentro del pantalón. Lo observé caminar hacia su papá, que seguía absorto en el teléfono. En tan sólo microsegundos, le apoyó sus dos deditos rascadores en el labio superior, bajo la nariz. Quería compartir el olor. No pude contener la risa.